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Alas de barro
Esta costumbre antigua
de sacarle la lengua a la derrota,
de buscar las palabras en los pájaros,
en las piedras los sueños
y en la voz los abrazos,
está dejando huella en mi esqueleto.
Lo siento cada vez más encorvado,
cada día más lento,
cada noche más frágil,
cada tarde más lejos
de aprender a volar.
Pero… cuando presiento
que se levanta el sol,
despliego las dos alas
- recubiertas de barro-
y dibujo
dos círculos concéntricos
para dejar constancia en los espejos:
nunca te olvidaré.
Tenía 20 años y la vida
pintaba en sus paredes un graffiti
de todos los colores;
los sueños dibujaban en su ombligo
un huracán de avispas
y la música
era una calidoscopio
capaz de hacer milagros.
Tenía un sobresalto y un amigo.
Buscaba entre sus brazos la manera
de descubrir fantasmas.
Escribía sonetos en la frente
de los días impares,
deba clases de insomnio a las estrellas
y caminada a lomos de un caballo
llamado libertad.
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