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Sortilegio Botánico
(Reto trovero)
EducArte, Santander, 2006
ISBN: 84-611-2733-1

 

LA TROVA

 

Venga. En  honor a mis orígenes poéticos y al ilustre cuerpo de troveros del campo de Cartagena abordemos la quintilla de arte menor: ¡va por ustedes!

Francisco inicia:

 

Es la quintilla el primor

del arte de los troveros,

que, en un reto creador,

se las lanzan con ardor,

con deleite de terceros.

 

Y Enrique Isoba interviene:

Entrar en interacción

cuesta poco a los tinteros

en un acto de creación

sin dique de contención

ni delimitar linderos.

 

 

Francisco  insiste:

Con la rima consonante

y ocho sílabas los versos,

es milagro emocionante

contestar en un instante

a los temas más diversos.

 

 

Y aquí interviene Nieves,

valiente aunque con melindres:

Pues que usted así lo quiere,

al otro foro me llego

que esta poeta se adhiere

al metro que usted prefiere

con su pericia de lego.

 

Aunque es mi primer quintilla,

en los retos no me arredro,

pongo mi arrojo en la quilla

y construyo esta barquilla

de versos en poliedro

 

 

Y Francisco, despistado, le da la bienvenida

usando por error el endecasílabo:

Por aquí Nieves, como de puntillas,

dice iniciarse en esto y no la creo,

pues irrumpe en el arte de quintillas

con tal talento, garbo y maravillas

que excede de aprendiz, por lo que veo.

 

Nieves gentilmente le disculpa y aclara:

 

Se pasa al arte mayor

como Pedro por su casa

y está claro, si señor,

que será todo un honor

amasar en esta masa.

 

Crea usted, caballero, lo que digo,

porque nunca había escrito una quintilla

no me gusta mentir, tengo un testigo,

sé que confirmarás -Hamal, amigo-

que yo nunca he versado en esta orilla.

 

Francisco aún confuso

acepta todo:

 

Ya la creo, no hay mancilla,

aunque mi mente confusa,

cuando observa su quintilla

(estrofa en nada sencilla),

dude que sea ciencia infusa.

 

 

Y Nieves reclama tema:

 

Cierto, no hay ciencia infusa,

nunca se nace enseñado,

en estos predios mi musa

ha aprendido y no es confusa

la magia que me ha brindado.

 

Y pues todo claro es

y cada cual sabrá cómo

le pido que empiece pues

a versar y sin traspiés

elija tema y aplomo.

 

Para no hablar por hablar

le propongo que versemos

con pericia en el rimar

y con destreza al tratar

los temas de los que hablemos.

 

 

Francisco improvisa, vacila,

se enrolla y disparata:

 

Puede ser tema el Amor,

aunque es camino trillado,

Patria, Vida, Ley, Honor,

y hasta la niña Leonor

que al punto nos ha llegado.

 

 

Pero mejor contenerse

porque, elevándose tanto,

hay peligro, de caerse,

los huesos descomponerse

con grave daño y quebranto.

 

Por proponer, propondría:

líricos, la SOLEDAD,

psíquicos, la HIPOCONDRÍA,

y en políticos tendría

que hablar de la INIQUIDAD.

 

Mas advierto con espanto

que son temas depresivos,

sin alegría ni encanto,

cuando la quintilla es canto

que pide sones festivos.

 

El caso pinta espinoso

(el tema me tiene en ascuas):

algo sencillo, gracioso,

jocundo, jacarandoso

y alegre como unas Pascuas.

 

Mas ¿qué hay alegre en España?

¿Alegre? - Las castañuelas.

¿Y en noviembre? - ¡La castaña!

Miren si no es cosa extraña:

¡la cosa apunta a Zarzuelas!

 

¡La castaña! Ese manjar

con cara de viejecita

cuando pilonga, o de asar

en la plancha del hogar,

que al calentarse crepita.

 

 

¡La castaña! Pan de Otoño,

postre de justo renombre

que nace erizo o madroño,

que al abrir parece un ....

y al marrón le da su nombre.

 

Pero voy disparatando

(se va el tema de mis manos).

Por no seguir desbarrando

la sesión voy rematando,

que me crecen los enanos

 

 

Nieves, condescendiente, pasa por alto la falta de inspiración y exceso de desenvoltura de su interlocutor y dice:

 

Es cierto es una castaña

sobre castañas hablar,

y aunque se advierte la maña

del trovero, no me engaña,

de aquesto quiso trovar.

 

Y trovó con tal acierto

que me ha dejado pasmada,

es por eso que le advierto

que elija otro tema, presto,

 para seguir la jugada.

 

Por temas no quedará,

no me preocupa ninguno,

si propone advertirá

que de todos rendirá

mi pluma verso oportuno.

 

Más no hablemos de política,

me podría indigestar,

ni de religión, la lírica

de este tema lleva empírica

la secuela de rezar.

 

Espero pues otros temas

que le den soltura al lance,

sé que todos serán gemas

para engastar en morfemas

que harán que la lid avance.

 

 

SE DECIDE EL TEMA DE LA TROVA:

«las flores»

 

Francisco investido de dignidad botánica induce:

 

Hablemos, quizá, de flores,

-embriaguez de los sentidos-,

suavidad al tacto, olores,

maravillosos colores,

que son de Amor los latidos

 

Exuberante es la rosa,

que viste de terciopelo

su corola voluptuosa

al tiempo que, lujuriosa,

aguarda el polen del cielo.

 

y  prosigue con  ardor jardinero:

 

El clavel es la pasión

que revienta en los balcones;

en la corrida, emoción,

de verbena, insinuación

y sangre en las procesiones

 

Con tres colores al viento,

orgullo de las macetas,

se exhibe con miramiento

el hermoso pensamiento,

pariente de las violetas

 

Nieves incontenible y magistral se  desborda en  amapolas ¿quien  podrá seguirla?

 

Pues de flores va el convite

hablaré de la amapola:

hermosa y tierna compite

con las flores en la elite

tras su sencilla aureola.

 

En los campos de trigales,

luce su roja alegría,

vive y muere en las carnales

esencias elementales

de la buena poesía.

 

Es la flor encantadora,

puede calmarle si duele,

sufrir con usted si llora

y es la caja de Pandora

que le brinda lo que anhele.

 

No se vende: se regala;

no se compra: se mantiene

al margen, en la antesala

de una vida que hace gala

del buen sol que la contiene.

 

 

Es del amor pregonera

y libre quiere vivir,

ni la rosa la supera

pues la rosa es traicionera

y la amapola elixir.

 

 

Amapolas

 

Has visto alguna vez cómo florecen

–rebosantes de amor- las amapolas,

cómo dejan su huella en los trigales

y tiñen –rojo en verde- tu mirada...

 

Has probado a sentir su tacto humilde,

su callada ilusión, su sobresalto,

su rito, su silencio, su ternura

abrazada a ese sueño de las olas...

 

Ellas saben que viven un segundo

y es eterna su vida silenciosa,

se desviven muriendo y se renuevan.

 

Son dulces mariposas atrapadas

que lucen la silueta inconfundible

del alma de las flores en abril.

 

Nieves dice: De todos es  sabido que la amapola es  mi  flor preferida. Por eso  he dejado aquí el soneto precedente.

 

Y Francisco, casi mudo,

 solo llega a acertar

con el gentil Narciso:

 

Púdico, el narciso mira

su imagen, que el agua dora,

y tanto de sí se admira

que, con pasión que delira,

de su imagen se enamora.1

 

Nieves abunda y corrobora en cuanto al narciso  se refiere:

 

El narciso se entretiene

-con aires de seductor-

en espejos y de ahí viene

la mala fama que tiene

el narciso soñador.

 

Como nace en primavera

-con el tiempo a su favor-

el arco iris se esmera

en cederle la bandera

de su estela de color.

 

Y aunque parezca una rosa

-por su aire arrollador-

su imagen es prodigiosa:

cada año es más hermosa

la flor del narciso en flor.

 

 

Y luego, muy femenina aunque retórica, se muestra suspicaz y documentada sobre los melindres

 

¿con melindres...?, ¿yooooo?

 

Acabo de darme cuenta,

caballero de una cosa

que corrobora la imprenta

de este foro, ¡es una afrenta!:

¿me ha llamado melindrosa?

 

Acaso...

 

¿Le parece que afectada

suena mi voz y mi acento?

me ha dejado anonadada

la visión de una jugada

que me planta en el asiento.

 

Tal vez usted me ha tomado

por la fruta de sartén

hecha con miel, que en bocado

de harina bien rebozado

se consume en el edén.

 

O...

 

¿Acaso piense que soy

la pasta de mazapán

que con azúcar le doy

-en rosquillas- a quién hoy

come en mi casa este pan?

 

O, en fin, ¿tal vez ya maquine

que un bocadillo infiriere

ser mi pluma? Sí, adivine

que todo lo que imagine

y mucho más ser pudiere.

 

 

Pero no empiece a temblar

que todo lo que ha escuchado

sólo son ganas de hablar

pues buscando en qué trovar

este cuento me he inventado.

 

Hamal, juzgandose

injustamente a  sí mismo, de entrometido, comenta

 

Sigo con suma atención

este diálogo de aedas

y observo la discusión

con las adrenergias quedas

pero no sin emoción.

 

 

Francisco, con no menos

retórica, se excusa y

continúa su florido andar:

 

Melindres me refería

a dengues con la quintilla,

cuando afirmó no sabía

muy bien cómo le saldría:

le sale de maravilla.

 

Que cuando ingenio se tiene,

cuando el lenguaje se borda,

la inspiración luego viene,

la fantasía interviene

y el tintero se desborda.

 

Mi excusa le doy entera;

sigamos, pues, con las flores,

que la colección espera.

Elijamos la primera,

aunque con artes mayores: