Los íntimos secretos de la voz

Este libro obtuvo el premio Nicolas del Hierro, concedido por un jurado compuesto por Carmina Casala, Vicente Marín Martín y Óscar Martín Centeno o

El XIV Premio de Poesía “Nicolás del Hierro”, convocado por el Excmo. Ayuntamiento de Piedrabuena. Como Presidente de Honor actuó Nicolás del Hierro, la Concejala de Cultura, María Teresa Sánchez y como Secretaria, Mercedes Navas.

Los íntimos secretos de la voz da cuenta del camino recorrido por la autora, y su voz propia es lo que hallará el lector en cada uno de sus poemas.
Y esa voz propia presente en los versos de Nieves Álvarez constituye la diferencia, el elemento intangible pero ineludible que nos hace afirmar que estamos, no ya ante un gran libro de poemas, sino ante una gran poeta.
Los temas tratados en el libro son los mismos que han estado presentes a lo largo de la historia de la poesía universal, porque la poesía no consiste en decir cosas nuevas, sino en volver a expresar, de un modo distinto cada vez, cosas tan viejas como el amor (He dejado los ojos en el mar / la luz de la mañana es un velero / que me conduce a ti), el paso del tiempo (Ni saber que mi tiempo está contado / que no podré jamás comprar la prórroga / de un partido que tengo que perder), el temor ante la muerte (A veces me pregunto / por qué el tiempo no muere / y sin embargo / acaba con nosotros) y el asombro provocado por la presencia, en nuestra propia vida, del oscuro misterio que llamamos poesía.
Y la poesía es, precisamente, la protagonista de éste libro, el secreto que se oculta tras la voz, el lenguaje contemplándose a sí mismo, las palabras buscando otras palabras con las que definirse.
Ricardo Desola

A continuación, algunos poemas del libro.

XI / Tú y yo

Se abría la pared,
cada mañana se abría la pared
y se movía
el dolor en los huesos de la tarde.

Era una forma extraña de buscarnos
jugando al escondite por la casa.

Tus manos rodeando mi cintura
y mi sexo
y mi vientre
y el horizonte entero
pegado en un paisaje interminable.

Éramos dos fantasmas
agitando los cuerpos,
enredando los días y las bocas.
La voz era un silencio estremecido
y la piel un conjuro a mar abierto.

XXXI / Madre

Tiene las manos frías y en los ojos
la luz se ha detenido,
no late el corazón y es nácar puro
su piel color de rosa.

Los síntomas son claros,
pero yo me resisto a descifrar
el último acertijo que la vida
ha puesto en sus pestañas.

Doy vueltas y más vueltas cada noche
a las palabras últimas
repletas de caricias,
esas que sólo dicen quienes saben
lo que hay que saber:
aprende del amor, pequeña mía.

XXXII

No pediré perdón por ser yo misma,
por dejarme morir a media tarde
al cruzar el semáforo del miedo,
por aprender idiomas en tus manos
y recitar poemas a escondidas,
cuando nadie nos ve.

No pediré perdón por abrazarte
-en los lugares públicos
de silencios privados-
con el pretexto estúpido de ser
dos versos conocidos
que hace tiempo que no se tropezaban
en las olas que lloran las metáforas.

No pediré perdón por extrañarte
como extrañan los árboles la lluvia
o los ríos los peces
y las piedras
ruedan ladera abajo con la nieve
en mil bolas de luz.

No pediré perdón por ser feliz
entre letras dormidas,
cada vez que te miro y en tus ojos
encuentro reflejado mi universo.